Cada 20 de junio nos congregamos frente a un mástil donde ondea orgulloso nuestro pabellón bicolor, y con emocionada gratitud, homenajeamos a su ilustre creador: Manuel Belgrano, una de las más simpáticas figuras argentinas, y una de las glorias más puras de América.
Celebro que esta plazoleta nos congregue, porque estoy convencida que es bueno recordar, entre tanto ruido cotidiano, a quienes lograron que hoy seamos argentinos, y hacer propicia esta oportunidad para preguntarnos qué bandera queremos levantar; porque el tiempo pasó, las luchas cambiaron, cambió el pueblo, cambiaron los gobiernos, pasaron conflictos, glorias, fracasos, sin embargo, ELLA siempre allí, firme, alta, de pie.
ELLA que desde el primer día fue amenazada por aquellos que no querían la independencia de nuestro pueblo, que fue vapuleada, menospreciada, atacada, que no conoce de grietas, sí de hijos, de unión y de libertad, sabe mejor que nadie que para vencer tenemos que unirnos.
Su creador ofreció el último tramo de su vida a una causa que creía justa, por ello, a la comodidad que su condición de abogado reconocido le aseguraba, le opuso la decisión de participar de un movimiento revolucionario que prometía la construcción de una nueva nación. Aceptó el desafío, sabía que no era fácil, pero eligió el sacrificio y la incertidumbre.
Muchas y bellas fueron las virtudes que adornaban el alma del Prócer: incontenible generosidad, firme ejecución, extrema voluntad, pensamiento cabal, dulzura en el trato y abnegado amor por la patria, a quien le ofreció toda su labor.
Este glorioso hombre, lúcido, innovador, que tanto trabajó por la independencia y felicidad de su pueblo, que conoció los mayores halagos y distinciones personales, que nació entre los esplendores de un hogar acaudalado, terminó su vida pobre, enfermo y olvidado.
Ejemplos de este héroe desinteresado y honesto, abundan, pero hoy quiero destacar tres:
1°- Luego de un aplastante triunfo que sobre los realistas obtiene en la Batalla de Salta, perdona a los vencidos, enterrando en un sepulcro común a los muertos de los dos ejércitos.
2°- Cundo la Asamblea del Año XIII lo premia con $40.000, (equivalente a 80 kg de oro), ÉL los destina a la fundación de cuatro escuelas.
3°- Después de la derrota de Vilcapugio, da su caballo a un soldado herido y continúa su marcha a pie.
A veces, negros nubarrones por delante parecen invitar al desaliento, a la huída. Es ahí cuando debemos aplicar sus principios. En palabras del pensador Ortega y Gasset: “¡Argentinos, a las cosas!”, una invitación a seguir el camino, a asumir nuestras responsabilidades, un llamado a la reflexión y a la acción.
NIÑOS: Les propongo volver a mirarla, corriéndonos del lugar de los exitistas, reconociendo en ella algo más que una tela que sacamos a pasear cada vez que juega la selección. No lo esperen todo, sean generadores de hechos loables.
Honren su presencia y comprométanse a sostenerla pura, libre y soberana.
Admiren e imiten la vida de Belgrano, la Patria necesita timoneles firmes que la salven de la pobreza, la mediocridad y la corrupción.
ADULTOS: Aprendamos a escuchar su mensaje, ELLA es el símbolo, pero a la Patria la hacemos todos cada día. Anímense a soñar como ÉL, a pensar en una sociedad distinta, donde la solidaridad y el bien común, sean el norte.
Los invito a cobijarnos bajo sus pliegues para juntos pedirle que haga brotar el patriotismo en quienes conducen nuestro destino, que los ilumine para que lo hagan con eficacia y hacia un futuro mejor y más justo, de paz y libertad como lo quiso Belgrano.
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