La vigencia de una lucha

Este año se cumplen 10 años del asesinato de Mariano Ferreyra y las graves heridas a Elsa Rodríguez, compañera del Polo Obrero, y a otros compañeros, a manos de la patota organizada por la burocracia sindical del ex secretario general de la Unión Ferroviaria, José Pedraza. Desde un primer momento el crimen de Mariano sacudió al país: el mismo 20 de octubre de 2010 se produjo una concentración y movilización masiva en Corrientes y Callao, que luego se dirigió a la estación Constitución. Un día después, 60.000 personas coparon Plaza de Mayo, con paros en varios gremios, por el reclamo de justicia. La campaña por justicia no solamente movilizó al movimiento obrero y popular de todo el país, sino que ganó el apoyo de artistas reconocidos nacional e internacionalmente. Fue esta intensa movilización popular, unida a la batalla política dada por el Partido Obrero y los compañeros de Mariano Ferreyra, la que logró arrancar el juicio y las condenas a los responsables. Hay que recordar que la primera actitud del gobierno de Cristina Kirchner, frente al hecho, fue montar todo tipo de ataques contra el Partido Obrero, al tiempo que sostenía a Pedraza.

En una Argentina donde los responsables políticos del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán no han sido juzgados e incluso integran el gobierno –como el caso de Felipe Solá y Aníbal Fernández; el movimiento de lucha por justicia por Mariano Ferreyra logró, no solamente llevar al banquillo de los acusados a Favale y compañía, sino al mismo Pedraza. La lucha política y la movilización por justicia mostraron la trama criminal que condujo al armado de una patota integrada, incluso, por barrabravas de Defensa y Justicia, con al menos cuatro tiradores, para “escarmentar” a los precarizados tirando a matar. Una trama criminal que arrancaba con un fraude laboral, para superexplotar a los tercerizados. Este negociado tenía tres patas: la Secretaría de Transporte y Ministerio de Trabajo, que giraban los subsidios; el sindicato, que organizaba cooperativas truchas para lucrar a costa de los precarizados y los empresarios de Ugofe, protagonistas del vaciamiento ferroviario que luego llevó a la masacre de Once.

Estos diez años demostraron hasta qué punto, para la burguesía, la tercerización, la liquidación de los convenios y las reformas laborales se han transformado en una cuestión de Estado. La introducción masiva del trabajo precario fue una de las vigas maestras del crecimiento económico durante los gobiernos kirchneristas. Luego, para Macri, la reforma laboral para avanzar en este proceso fue un eje central. Fue el movimiento obrero quien le colocó un freno a estos objetivos en las grandes movilizaciones del 14 y el 18 de diciembre contra la reforma jubilatoria, que obligaron a archivar el proyecto parlamentario de reforma laboral y a hacer pasar las reformas laborales gremio por gremio. Hoy como ayer, la lucha contra la precarización

se cruza, indisolublemente, con la lucha de los desocupados y sus organizaciones combativas. La vigencia de la lucha de Mariano Ferreyra, a 10 años, pasa por terminar con un régimen cuyos pilares son, justamente, los que llevaron a su asesinato: la precarización y superexplotación laboral, la burocracia sindical y los negociados empresariales bajo el ala del Estado.

Desde el Partido Obrero Dolores recordando a Mariano y su lucha, llamamos a todos los trabajadores y simpatizantes a sumarse a la pelea por una independencia de clase de los trabajadores contra la burocracia sindical que pacta con cada gobierno de turno contra los verdaderos y genuinos intereses del pueblo trabajador. Honramos la memoria de Mariano luchando por terminar con todas las formas de opresión, reivindicando la militancia socialista contra el régimen que terminó con su vida de joven revolucionario.

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