García tuvo su pasantía. Logró tener la oportunidad de trabajar junto a los empleados que siempre miró desde afuera.
Era un mes de estar a la par de quienes, desea, lleguen a ser sus compañeros de trabajo.
Sabía que esa pasantía era la oportunidad de ingresar a un empleo en el estado. Algo que muchos anhelan y que les permite tener esa seguridad económica que todos necesitan.
En ese mes pudo ver cómo funciona la oficina del gobierno de la ciudad. Durante esas jornadas de trabajo pudo conocer a su jefa, una cincuentona que miraba desconfiada a todo el mundo y que sabía cada rincón de esa oficina como si fuera su único mundo. Gladys se llama.
Al llegar de inmediato la acomodó al lado de Federico. Un experto en computación que digitaba la coordinación de la oficina con la secretaria de comunicación del gobierno.
Si bien no se dieron mucha importancia, la falta de experiencia de García hizo que Federico fuera acercándose a ella con desinterés.
En ese intercambio de información o de asesoramiento fue generándose la confianza que le permitió a García mirarlo a Federico de otra manera. Ella no se había casado ni tenía hijos. Él venía de una separación dolorosa que lo tenía con un hijo que veía pocas veces en la semana.
Gladys fue rotando a García por toda la oficina.
De esa forma sucedía que los dos irían buscando la manera de encontrarse en la cocina o en la puerta de salida. Era la ocasión que tenían para darse cuenta que podían hablar de algo más que no sea de softwares del trabajo.
Sucedió que Federico la invitó a tomar un café. Fue un viernes, y eso les permitió que se quedarán más relajados con el reloj. El café siguió hasta que ella tuvo que irse.
Era tarde y García tiene unas cuantas cuadras desde la parada hasta su casa. Viajar hasta el conurbano no es lo mismo que tomarse el subte y llegar a la estación que está a unas cuadras del barrio porteño donde vive el analista de sistemas.
Esa tarde no se dieron cuenta de algo… Al hablar no llegaron a percibir que tenían mucho en común.
Esas extrañas ocasiones donde las personas no llegan a ver que vivieron vidas paralelas aun sin haberse conocido. Los separaban vidas distintas, pero era sorprendente que fueran tan unidos en las experiencias que habían vivido.
Son tan llamativos esos encuentros que realmente se convierten en un misterio.
¿Qué hace a que dos personas se encuentren en el entramado de relaciones humanas en el camino de la vida? Es una pegunta que ni los científicos matemáticos por más estadísticas que realicen, pueden explicar.
Hoy en día siguen caminando el apasionante sendero de descubrir hasta qué punto son capaces de coincidir en tanto.
Con cierto temor al verse más involucrados en un vínculo que tiene un plazo en la pasantía, pero que se abre a una eternidad por haberse encontrado.
¿Tendrán miedo de haberse complicado la vida?
¿Será que realmente un amor verdadero compromete toda la existencia?
Son “dos gotas de agua”, le dijo Hernán a García, el día que vino a verlo para contarle lo que había vivido al conocer a su Federico.
¡Hasta la próxima!
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