DOLORES: La falsa denuncia, el suicidio y la venganza como arma de género
DOLORES: La falsa denuncia, el suicidio y la venganza como arma de género

NOTA: Este artículo tiene como único propósito, visibilizar el daño que podría causar el uso malintencionado de las leyes de protección. No busca cuestionar la lucha legítima contra la violencia de género, sino proteger su integridad visibilizando a quienes utilizan estas herramientas para fines espurios, perjudicando tanto a hombres inocentes como a las mujeres que realmente necesitan asistencia urgente.

El uso espurio de las herramientas legales diseñadas para proteger a las mujeres vulnerables genera una “zona gris” que desprotege a las verdaderas víctimas, subvierte el principio de justicia y empuja a los inocentes al abismo.

En los últimos años, Argentina ha logrado avances significativos e irrenunciables en la protección de los derechos de las mujeres. Sin embargo, para que este sistema sea efectivo, debe basarse en la verdad. Hoy, el sistema judicial se enfrenta a un fenómeno tan inquietante como destructivo: la denuncia falsa utilizada como herramienta de venganza personal y aniquilación del otro.

Quien utiliza la ley de género para mentir, no solo destruye a un inocente; también comete un acto de violencia contra las mujeres que realmente están en peligro, arrebatándoles recursos, tiempo y credibilidad judicial.

Casos recientes en la provincia de Buenos Aires han encendido las alarmas sobre cómo ciertas personas podrían —algunas incluso con conocimientos técnicos de la ley— instrumentalizar el aparato estatal para orquestar ataques sistemáticos contra sus exparejas y sus entornos cercanos.

El perfil del manipulador: La mentira como estrategia

La manipulación de la narrativa es el núcleo de este comportamiento. Quienes utilizan el género y la falsa denuncia como arma suelen presentar rasgos de personalidad narcisistas o psicopáticos, caracterizados por una ausencia de empatía (o una “falsa empatía” proyectada) y un complejo de superioridad que les permite mentir ante la justicia sin fisuras aparentes. Sus tácticas principales incluyen:

  • Construcción de relatos verosímiles: Utilizan terminología y relatos adaptados específicamente a lo que los protocolos de género buscan detectar, dotando a la mentira de una credibilidad técnica inmediata que podría engañar incluso a especialistas.
  • Ataque al entorno: Muchas veces la agresión no se limita a la expareja. Se busca el aislamiento total del denunciado mediante amenazas o denuncias contra su círculo íntimo (amigos o familiares), dejando a la víctima aislada de sus afectos.
  • Desprestigio social: Se busca la “condena social” instantánea. El objetivo es que el acusado pierda su honor, su trabajo y sus vínculos mucho antes de que la justicia pueda determinar la veracidad de los hechos.

El ciclo de la manipulación social

Este tipo de personalidades operan bajo un esquema circular que deja al denunciado en un estado de indefensión absoluta:

Etapa Acción de la Denunciante Falsa Efecto en el Entorno
1. Idealización / Control Se presenta como una “víctima ejemplar” y referente de moralidad. Genera confianza y autoridad moral ante funcionarios y vecinos.
2. Ataque / Denuncia Lanza la acusación de abuso de forma estratégica y victimizada. El entorno se solidariza automáticamente y condena al acusado sin pruebas reales.
3. Hostigamiento Extiende las amenazas y denuncias al círculo afectivo del ex. El entorno se aleja por miedo a ser “enlodado” legalmente.
4. Victimización / Simulación En algunos casos suelen fingir crisis o enfermedades para desviar sospechas. La justicia y la sociedad suavizan el escrutinio, otorgándole impunidad.

 

Las consecuencias: Del estigma al  posible suicidio

El impacto de estas acciones es multidimensional y, en algunos casos podría ser irreversible:

  1. Saturación judicial: Quien radica una denuncia espuria manipula el sistema y provoca un retraso de gravedad institucional en la asistencia a víctimas reales. Al inundar los juzgados con relatos fabricados, el denunciante falso le arrebata tiempo, recursos y atención urgente a aquellas mujeres que corren un peligro real de vida.
  1. Daño irreparable: El estigma de ser señalado como abusador destruye personas y vínculos. Mientras la justicia es lenta, la condena social es fulminante.
  1. Deslegitimación del movimiento: Estas conductas alimentan discursos que cuestionan las leyes de protección de género, perjudicando la lucha legítima de miles de mujeres.
  1. EL GRAVE PERJUICIO Y POSIBLE SUICIDIO: Este es el punto más grave y menos visibilizado. La presión del escarnio público, la pérdida de contacto con los hijos y el acoso judicial constante podrían empujar a muchos hombres al suicidio. Serían muertes silenciosas que el Estado prácticamente nunca investigaría como consecuencia directa del hostigamiento por denuncias falsas.

Un llamado a la responsabilidad

La justicia debe empezar a actuar con rigor. La impunidad de quienes inventan delitos para saciar un deseo de venganza no solo debilita el Estado de Derecho, sino que, como se ha visto, tiene el potencial de destruir e incluso podría hasta matar.

El límite de la mentira: 

Uno de los casos que conmocionó a la opinión pública por su crudeza y por la inusual respuesta judicial es el ocurrido en Bahía Blanca. Una mujer, que durante meses sostuvo una denuncia de abuso sexual, terminó siendo detenida luego de que una investigación exhaustiva demostrara la inexistencia de los hechos.

Este caso, que culminó con el arresto de la supuesta víctima, pone de manifiesto cómo el aparato judicial puede ser engañado mediante relatos minuciosamente construidos para encajar en los protocolos de protección. La investigación reveló que no solo no hubo abuso, sino que la denuncia fue una maniobra deliberada para destruir la vida del acusado. Este desenlace envía un mensaje contundente: la justicia no debe ser un escenario para la venganza personal.

Cuando la mentira se utiliza como arma de género, se comete un doble crimen: se destruye a un inocente y se violenta la memoria y el dolor de las verdaderas víctimas que sí necesitan la protección del Estado.

El género no debe ser un escudo para la impunidad ni una espada para la venganza, sino una herramienta de protección sagrada para las verdaderas víctimas.

DOLORES: La falsa denuncia, el suicidio y la venganza como arma de género

Por Editorial