Hay momentos en la vida donde los minutos valen horas, y las decisiones acertadas valen una vida. Por eso, queremos dedicar un espacio de profunda gratitud a la Dra. Natalia Caparelli, cuya intervención fue el pilar que permitió que Aquiles hoy siga entre nosotros.
En la oscuridad de aquel sábado a la madrugada, cuando el dolor de Aquiles parecía no tener tregua, la Dra. Caparelli no dudó. Su respuesta a las 5 de la mañana no fue solo un acto profesional, sino un gesto de humanidad pura. Fue ella quien, con su conocimiento y calidez, administró esa primera medicación de urgencia que estabilizó lo inestable.
Nuevamente, el domingo, demostró su temple y compromiso. Antes del traslado crítico hacia La Plata, su pericia permitió administrar la medicación exacta; ese “escudo” farmacológico fue lo que le dio a Aquiles la fuerza necesaria para resistir el viaje y llegar con una oportunidad al Hospital Escuela de la UNLP.
Gracias, Dra. Natalia Caparelli. Gracias por estar en la trinchera, por su disponibilidad absoluta y por entender que detrás de un paciente hay una familia que sufre. Usted fue la guardiana de Aquiles en sus horas más difíciles y el puente necesario hacia su recuperación. Su vocación es un ejemplo de lo que significa ser un verdadero profesional de la salud animal.
Familia de Aquiles
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