Queremos hacer público nuestro más profundo agradecimiento y reconocimiento al equipo del Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLP, y muy especialmente al Profesor Dr. Luciano Casas, Jefe del Servicio de Clínica de Pequeños Animales.
Nuestra historia es la de una lucha desesperada. Aquiles, nuestro compañero, un Bull Terrier de 11 años, llevaba varios días bajo tratamiento, pero la mejoría real no llegaba. Al ser un perro de una raza tan estoica y resistente, el cuadro era engañoso y desconcertante: pese al dolor extremo y la fiebre persistente, Aquiles seguía intentando comer, desafiando toda lógica médica para su estado. Como bien nos explicaron los profesionales, el Bull Terrier es un “gladiador” que pelea de pie hasta el último aliento, ocultando un dolor que para cualquier otro ser sería insoportable.
Sin embargo, detrás de esa fortaleza, su cuerpo estaba al límite. La inflamación interna y la fiebre se volvieron críticas, sumergiéndolo en una infección generalizada y un shock séptico que lo empujaba al colapso.
Excelencia en la Universidad Pública
Al llegar al Hospital Escuela, el Dr. Luciano Casas demostró por qué la institución es un orgullo nacional. Con una visión clínica aguda, supo ver más allá de la resistencia física de Aquiles y detectó el riesgo de muerte inminente. Aquiles estaba haciendo hemólisis —la ruptura de sus propios glóbulos rojos— y sus blancos superaban los 40.000; su corazón luchaba con ferocidad, pero sus fuerzas se agotaban.
A pesar de la extrema gravedad, el equipo liderado por la cirujana Paola, junto a anestesistas y cardiólogos, se lanzó a una cirugía de emergencia. Fue una batalla a contrarreloj de más de dos horas y media. Al abrir, confirmaron un cuadro peor del esperado: toxinas incompatibles con la vida se filtraban en su interior ya que, además de un cuerpo extraño en su estómago, encontraron que su vesícula biliar estaba rota. Fue una operación sorpresiva y compleja donde cada segundo fue ganado a la muerte.
Un compromiso que trasciende el deber
Lo que más nos conmovió fue la entrega humana: incluso con el hospital ya cerrado, estos profesionales permanecieron en sus puestos, monitoreando cada latido de Aquiles, movidos únicamente por la vocación y el respeto sagrado a la vida.
Hoy, ver a Aquiles recuperado es un testimonio de la calidad humana y técnica de nuestra universidad pública. Felicitamos al Decano de la Facultad por contar con docentes y profesionales de este calibre, que ponen el nombre de la institución en lo más alto.
De la UNLP no solo salen los mejores veterinarios del país, sino también personas con un corazón inmenso. Gracias por demostrarnos que, cuando la excelencia se une con el amor por los animales, los milagros ocurren.
Familia de Aquiles.
Vocación que salva vidas: El milagro de Aquiles y la excelencia de la UNLP