Nadia apenas llegaba a sus treinta años. Su embarazo estaba a término y era su segundo hijo. Nicolás, el primero, ya tenía tres años y había pasado por la etapa de los besos a la panza y la de preguntar cuando salía Angelita. Si, sabían que era una nena. Algo que a Nadia la movilizó muchísimo. Ya la imaginaba toda una señorita y una compañera de aventuras. Deseaba con todo su corazón conocerla y empezar a compartir con ella momentos únicos.
Así fue su embarazo. Sereno y cargado de expectativas. Fernando, su esposo, la pudo acompañar en la medida de sus posibilidades. Él viaja mucho por trabajo –esa horrible esclavitud a la que están sometidos tantos hombres que no pueden dejar de sumar horas de trabajo y por lo tanto ausencia en sus hogares-. Pero, aun así, Fer pudo acompañarla en las ecografías y demás consultas a la que tuvo que someterse para conocer a Angelita y verla en el monitor.
Angelita nació a la vida un frío día de junio. Poco importaba a esa familia que estaba radiante ante la llegada de esa “cosita” arrugada y feucha. Pero que ya intuían se iba a convertir en lo que fue. La princesa y hermosura del hogar.
Angelita fue puesta en los brazos de Nadia. Una inmensa combinación de emoción, dolor post parto y alegría llenó la sala. Ahí estaban las dos entrelazadas en lo que sería el resto de sus vidas. Dos almas que ya se conocían. Todo el embarazo fue la preparación y la presentación de las dos. Pero ahora se sentían de una manera nueva. Angelita ya no estaba más unida físicamente a Nadia. Eso asustó a la mamá y le exigió un nuevo modo de vincularse. No había más cordón físico, al menos, que las mantuviera unidas.
Nadia sintió que algo le faltaba. Su experiencia emocional fue muy fuerte. Más allá del vacío físico que sentía en su cuerpo, algo ya no dependía más de ella. Angelita empezó a respirar por sí misma. Ya estaba comenzando a ser una persona independiente. Dar su primera bocanada
de aire por si misma delante de su mamá, que entre dolida la observaba, fue algo que jamás olvidaría Nadia.
Así comenzó la historia de ellas dos. Desde el vientre se sintieron unidas. Desde la panza ya se conocían. El parto significó una sensación de desprendimiento. Proceso que arrancó ahí pero que no conoce final. Todavía siguen las dos atravesando la aventura de desprenderse mutuamente. Después de haber estado unidas de semejante manera.
La vida, y sus continuas aventuras a las que nos enfrenta, hizo que al menos alguna vez no puedan verse o no puedan estar todo el día juntas. Se fueron acostumbrando. Nadia es profesional y tiene que seguir trabajando en el laboratorio de una multinacional. Sobre todo que después de Angelita nacieron los mellizos –varones los dos-. Pero ellos se sumarian a la lista del mayor por ser del mismo sexo. Dándole a ella, a la chiquita del hogar, el título de la única. Puf, título que nadie dudaría que posee, ya que todos se dan cuenta cuando Angelita está y recuerdan cuando ella falta. Se hace notar su ausencia y mucho más su presencia.
Para la mamá, ella sería sin ninguna duda la única. Para su papá, ocuparía el momento privilegiado de dedicación cuando llegaba del trabajo. Momento que le dedicaba después de haber jugado a la pelota con el mayor y atajar a los mellis que se le venían encima.
Crecieron en ese clima. De saberse mutuamente dependientes. Absolutamente unidas por el lazo que las había mantenido aferradas en el vientre y que ahora les tocaba compartir con otros amores. Eso era algo extraño para las dos. Tener que asumir que no son ellas dos las únicas en el universo. Algo que no es tan fácil de aceptar.
Hoy Angelita cumple siete años. Nicolás con diez y los mellis con tres. Cada uno es único para sus papás. Pero la relación que tienen Nadia y su chiquita es distinta. Así se gestó desde el comienzo y así lo siguen viviendo en el transcurso del tiempo. Ellas dos son madre e hija. El tiempo fortaleció el vínculo. El tiempo solo fue testigo de la unidad que tienen. Las dos viven entrelazadas en la historia que camina Angelita creciendo y la de su mamá que no puede dejar de mirarla como lo que es. Su princesa. Alguien que desearía quedara junto a ella en esta edad.
Nadia no quiere ni pensar en el paso del tiempo que la lleva a la chiquita Angelita en convertirse en una adolescente. Ánimo Nadia, lo mejor está por venir…
¡Hasta la próxima!
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